Llevo un par de semanas con bastantes problemas de tiempo que me han impedido salir a correr con normalidad, o más bien tendría que decir con la anormalidad que caracteriza la poca frecuencia de mis salidas.
Desde que regresamos de Asturias me he encontrado con que entre semana, principalmente por motivos de trabajo, no he encontrado tiempo para correr algo más que del coche al trabajo y del trabajo al coche, y para colmo los fines de semana los tenía pillados por compromisos familiares que me iban a dificultar las salidas.
Como ya había comentado en mi última entrada estos días de fiesta tocaba subir a Asturias. Hacía ya varios meses, desde diciembre, que no ibamos para allá por lo que había ya bastantes ganas de volver a llenarnos la retina con las distintas tonalidades de verde que moran por aquellos lugares.
Por si el tiempo acompañaba eché en la maleta el uniforme de correr. Además, desde julio del año pasado no corría por allí y me apetecía repetir una experiencia que en su momento fue muy gratificante.
Mañana nos vamos a pasar unos días al norte, en concreto al este de Asturias, casi en Cantabria, por lo que me espera un largo viaje de varias horas metido en el coche, algo que no es precisamente de mi agrado porque no soy de los que disfruta al volante. Al menos el destino compensa con creces la pesadez del viaje de ida y sobre todo del de vuelta. Por eso, como sabía que mañana no iba a salir a correr y ya iban a pasar muchos días hasta el viernes desde la última salida, he sacado unos minutos para hacer una tirada corta pero intensa.
Después del sabor agridulce que me dejaron los dos últimos kilómetros de la Intercampus, tenía ganas de "desquitarme" corriendo, aunque fuera una distancia corta, a un ritmo cercano a los 5 min/km, así que el miércoles pasado aprovechando que tenía muy poco tiempo, descontando calentamiento y estiramientos no me quedaba más que 25 minutos, salí con la idea de hacer entre 4 y 5 kilómetros rozando los 5 min/km, que para mí supone ir practicamente a tope.
Entre el trabajo, compromisos familiares y un viajecito a Sevilla aprovechando el puente del 19 de marzo, he estado doce largos días sin darle a la zapatilla, desde el 15 de marzo hasta este viernes que se me ocurrió salir un rato al volver de trabajar, a eso de las 4 de la tarde, para no presentarme el domingo a la Intercampus con tan ridículo bagaje de kilómetros.
Ultimamente tengo bastante abandonado el blog, pero es que desde que me he enterado que los días solo tienen 24 horas no me queda tiempo para nada; así que como voy con prisa voy a poner un breve, más bien fugaz, resumen de mis últimas salidas.
El día internacional de la mujer salí por la mañana a retomar mi trote cochinero, lo de cochinero nunca he llegado a saber si hacía alusión al olor que va dejando mi sudor o se refiere a otra cosa.
Todo lo que sube tiene que bajar, eso es lo que se dice y suele ser verdad. Por suerte en mi caso había empezado a subir muy poco así que la bajada no podía ser muy brusca.
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