De mis muros y otras neuras

La cuesta de Pimiango
es particular

si la subo me canso
como en las demás.

Arrastrate
y vuelvete a arrastrar
que ya llega el del mazo
a dejarte sin trotar.

H, I, J, K,
L, M, N, A
que si tu no me subes
otro loco subirá

Bajadita, caminillo
para, para,
que te pillo.
A estirar, a estirar,
o un calambre
te va a dar.


Había prometido que no lo iba a volver a hacer, que no volvería a torturar a los despistados que se asomaran por aquí, usando una canción con la letra trastocada, pero se ve que no tengo palabra, aunque al menos puedo alegar en mi defensa que puesto que estoy muerto, o parafraseando al poeta con su frase más célebre "no siento las piernas", no se debería ser demasiado exigente conmigo.

El caso es que antes de entrar en detalles sobre mi muerte tenía pendiente hacer un breve resumen de la última semana en la que como hecho más relevente acaeció la participación de las chicas de mi casa en la "carrera de la desigualdad y a favor de la discriminación", la autodenominada Carrera de la Mujer.

El domingo pasado nos levantamos los cuatro y a pesar de los nubarrones y algunas gotas que empezaban a caer, pusimos rumbo al Retiro. Al llegar a Atocha y sin posibilidad de pérdida, seguimos a la gran marea azul que subía por Alfonso XII en busca del chip. Tras recoger unos globos para los niños, los chips para ellas y encontrarnos con mi cuñada, sobrino y cuñado nos dirigimos a la salida a ritmo de la histérica del micrófono que intentaba "relajar" a las participantes con gritos del estilo a "¡solo quedan veinte minutos! ¡os quiero a todas en la línea de salida YA!".

Al fin dieron la salida y por supuesto no había forma de correr, ni siquiera de andar, o al menos a lo que yo llamo andar, ya que el ritmo que se llevaba era el típico que se usa para pasear en una calle llena de escaparates. Un montón de minutos después conseguimos traspasar la alfombrilla de salida pero seguiamos sin poder correr ya que la mayor parte se entretenía saludando a quien había dado la salida, que no era otra que la esposa del hijo de su padre... bueno, sí ya se que la etiqueta exige que la nombre de otra manera, utilizando ciertos títulos y por supuesto tratándola de usted aunque a mí pueda tratarme de tú, pero es que si hago algo así, no me quedaría más remedio que acabar tarareando "la marsellesa" y soltar de vez en cuando un "¡vive la guillotine!", y quien sabe que tal se lo tomarían en la Zarzuela.

Al salir del Retiro empezamos a trotar algo y así marchamos hasta llegar a Alfonso XII, a ratos andando y a ratos trotando. Cuando comenzaba la cuesta, cogí a mi hija de la mano y la piqué para que se la subiera corriendo sin parar, por lo que nos separamos unos metros del resto de la familia que prefirieron abordar con algo más de calma la subida. Al poco de llegar a la estatua del ángel caído, cuando ya la cuesta suavizaba y se convertía en un falso llano, dejamos el trote y seguimos unos metros andando para que cogiera un poco de aire. Unos metros más atrás, medio ocultos entre la masa azul que cubría la calle marchaba el resto de la familia, que se acercaba a nosotros cuando Marta me pedía caminar un poco y se volvían a alejar cuando volvíamos otra vez a trotar. Y así llegamos hasta el final donde para mi sorpresa nos encontramos con que lo único que les daban era una botella de agua ¿ni una pieza de fruta? ¿ni una barrita de cereales?, en fin, mejor no comento nada sobre la organización de esta carrera porque es lo mejor que puedo hacer. Medio minuto después nos reunimos con el resto de la familia y huimos de allí antes de que hiciera su aparición el Busta.

Después de la carrera me tomé unos días de descanso forzoso, como siempre la dichosa falta de tiempo, y tras una breve salida de 5 kilómetros el martes, el jueves empaquetamos el coche y nos fuimos a pasar el puente a Asturias. Allí me había preparado una rutilla siguiendo parte de la senda costera desde Bustio, con alguna que otra cuesta, como pudimos comprobar el viernes cuando nos fuimos los cuatro a recorrer una parte andando. El recorrido es muy agradable para todos los sentidos, pasando por un bosquecillo que al principio es de robles, mezclado con encinas, sí es cierto, encinas en Asturias, y luego es sustituido por el intruso eucalipto.

El sábado me levanté prontito por la mañana y salí de casa con más miedo que otra cosa, pues después de ver las cuestas que me esperaban, sobre el papel había algunas de un 12%, que a mí me parecían completamente verticales, no tenía nada claro que pudiera terminar los 14 kilómetros sin recurrir a la opción de andar.



Los dos primeros kilómetros eran favorables, de cara al esfuerzo, aunque las piernas se resentían por tener que ir frenando para no bajar rodando la cuesta del Cantu, y es que la pendiente de este camino, unido a los pedruscos que aparecen clavados por toda su extensión lo hacían bastante incómodo de bajar... "sí tú quejate ahora que estás bajando que cuando vuelvas por aquí vas a tener que subirlo".

Una vez en Bustio, todavía fresco, me dirigí al comienzo de la senda costera, una pequeña explanada que sirve de aparcamiento, situada entre la vía del FEVE y la carretera nacional; tras pasar bajo esta última giré hacia la izquierda abandonando el carril que se dirige hacia el puerto de Bustio, situado al final de la ría. Ya desde aquí el camino empieza a subir, al principio muy suave, pero a unos 500 m. desde el comienzo de la senda costera, aproximadamente mi tercer kilómetro, empiezan ya las primeras rampas importantes, que van aumentando su pendiente durante 1 kilómetro y medio hasta llegar casi a Pimiango. Por este tramo ya no sabía si el tiempo se había detenido porque el gesto de correr lo hacía a cámara ultralenta, todo lo que concernía a mí se había ralentizado y así pude ver como un par de babosas me adelantaron con facilidad mientras charlaban entre ellas.
Dejando Pimiango a la izquierda tomé un camino hacia el otro sentido y durante un kilómetro recuperé ligeramente el fuelle aunque la pendiente me había dejado ya muy tocado. Un poco más adelante, y tras pasar junto a un grupo de vacas que soltaron varias carcajadas al verme pasar, llegué hasta un mirador desde el que se podía contemplar el mar, y justo en ese punto comenzaba una bajada vertiginosa en forma de serpiente que se enroscaba una y otra vez haciendo que mi paso no fuera muy rápido por miedo a salirme del camino.
La senda seguía internandose por el bosque subiendo y bajando sin parar por un paisaje que en otras circunstancias hubiera podido disfrutar mucho más. Al pasar junto a las ruinas del Monasterio de Tina, al camino le crecieron unos escalones que conducían en un descenso aún más vertiginoso hasta un puentecillo. Al otro lado del puente el camino subía por una pendiente similar aunque en este caso no había escalones. Mientras me arrastraba por esta pendiente me iban entrando unas tentaciones irresistibles de colgarme de la barandilla y subir apoyandome en ella, pero por un amor propio mal entendido continué haciendo como si corriera aunque la realidad es que iba más despacio que si fuera andando.
Al fin la cuesta terminó y un breve llano me condujo hasta la carretera que va desde Pimiango a la cueva del Pindal. Allí, y tras una breve duda, el cansancio que tenía hizo que me desorientara completamente a pesar que era evidente que tenía que coger la carretera hacia la izquierda, continué por la pista asfaltada, otra vez cuesta arriba, aunque casi me pareció poca cosa, después de la cuesta que acababa de escalar. Al fin coroné justo a la altura de un mirador que hay en una zona bastante despejada y un poco más adelante entraba en Pimiango.
En el pueblo la idea era girar hacia la izquierda para buscar la senda por la que había subido desde Bustio, pero si yo tengo una oportunidad de perderme seguro que lo haré, así que como no podía ser de otra manera me metí por otra calle desdeñando la correcta. Tras un breve rodeo, encontré el camino correcto y un rato después estaba sobre el camino de vuelta a casa, aunque ahora, y al menos durante dos kilómetros era favorable.
Después de un descenso bastante rápido llegué a Bustio y me encaminé al Cantu, algo más de un kilómetro de subida con algunos tramos que se acercaban al 9% de pendiente, vamos otro muro más donde volver a estrellarme, por suerte esta ya era la última cuesta y a duras penas conseguí terminar la ruta. Al final 14 kilómetros en algo más de una hora y media, a 6'40'' de media aunque hubo varios kilómetros que fuí incapaz de moverme a menos de 8'. Lo que no tengo muy claro es en qué punto del recorrido fallecí, más que nada para llevarme un ramo de flores como recuerdo.

Supongo que si al final resucito, no se si al tercer día o al tercer mes, tendré que volver a intentar este recorrido, pero de momento pasará mucho tiempo hasta que me vuelva a plantear correr por esas cuestas, eso sí tengo que volver para hacerlo andando y disfrutar completamente del paisaje porque sin duda merece la pena, aunque la opinión de un muerto no sea muy fiable.

Y el domingo que viene la carrera popular del Club Amigos en el parque Polvoranca, un 10k bastante llano que me lo había planteado como un buen momento para intentar bajar de los 52', pero que ahora estoy pensando en tomarmelo un poco más tranquilo, tal vez comenzar media hora antes de la carrera trotando otros 5k y enlazando luego con la carrera en plan relajado para que al final resulte otra tirada larga, con vistas sobre todo a la media de Leganés. A lo largo de esta semana decidiré.

Por cierto, si alguien conoce algún líquido para conservar a los muertos que me lo diga, porque con estos calores creo que voy a empezar a oler a podrido en muy poco tiempo.

Estadísticas del 6 de Mayo:

  • Distancia (metros): 6350
  • Tiempo total: 33' 54''
  • Ritmo (min/km): 5' 21''

Estadísticas del 9 de Mayo:

  • Distancia (metros): 7600
  • Tiempo total: 40' 21''
  • Ritmo (min/km): 5' 19''
Estadísticas del 12 de Mayo:

  • Distancia (metros): 5050
  • Tiempo total: 25' 36''
  • Ritmo (min/km): 5' 05''

Estadísticas del 16 de Mayo:

  • Distancia (metros): 14010
  • Tiempo total: 1h 33' 24''
  • Ritmo (min/km): 6' 40''

Comentarios

Desde luego esa experiencia

Desde luego esa experiencia de no saber como iras mas rápido si corriendo o andando es alucinante.

Lo malo que tienen los animalitos es que los muy c******s siempre se acaban riendo.

En Leganes que pongan alguna cuesta suplementaria que si no puede ser muy aburrido.

Yo esta semana andaré por Colmenar, quería buscar MMP pero me parece que tu idea de hacer una tirada larga aprovechando un 10000 con propina es una muy buena idea.

Sí, un tobogán, el problema

Sí, un tobogán, el problema es que me tiré dando vueltas y ahora no tengo ni dientes, ni piernas ni na :P
Y... ¿perfiles "<>de mariquita<>"? venga ya, ese apelativo hay que ponérselo a los de mis recorridos por Getafe en los que para medir los porcentajes de las pendientes hay que calcularlos con al menos 10 decimales para encontrar uno distinto de 0, fíjate que hasta hace muy poco en Getafe creíamos que el mundo tenía solo dos dimensiones porque a lo de la altura no le encontrábamos ningún sentido.
Lo de la tiradita lo tendré que ir viendo esta semana porque ahora mismo no soy capaz ni de dar dos pasos seguidos sin que se rebelen las piernas, si hasta estoy pensando en salir al menos dos horas antes del trabajo para que me de tiempo a llegar al lugar donde tengo aparcado el coche antes que se acabe el día, de hecho cuando esta mañana venía para el trabajo me ha dado tiempo a ver como se abría el capullo de una rosa y cuando la he dejado atrás ya se había marchitado ;)

Juaaaaaaaas, toma perfil, a

Juaaaaaaaas, toma perfil, a eso lo llamo yo un buen tobogán... Nada que ver con mis perfiles, que comparados con el tuyo son de "mariquita". :P

Pues felicidades por la parte que toca a tus "chicas" en la carrera de la mujer, y muchos ánimos con esos entrenamientos de cuestas para la media de Leganés. No es mala la idea de hacer una tiradita larga aprovechando la de Alcorcón; lo que pasa es que no creo que pueda arrastrar a Ana hasta allí para hacerla correr soberana distancia... Por mi propio bien.

Ánimo con esa recuperación y a darle a la zapatilla niño. Un abrazo.

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